• Camila Carcache Guas

El Principito, una obra para todo público

Lo sé.


La mayoría de ustedes lo habrán leído en la primaria.


Y el que no lo ha leído...


...al menos ha escuchado de él, ha visto alguna ilustración o, por lo bajito, ha leído una quote en Pinterest.


El hecho es que esta novela, por corta que parezca (menos de 100 páginas), ha logrado colarse en la cultura popular y ganarse mi afecto, razón por la cual nos encontramos aquí hoy.


Lo que más me fascina del Principito, es que, se puede leer de formas tan diferentes según la edad. Y es que alguien eras tú a los 11 años, y otra persona muy diferente a los 18, 25, 30...


En fin, coges el hilo.


La primera vez que leí la obra (tendría unos 9 años), fue para mí una historia un tanto aburrida de un aviador averiado en el desierto que conoce a un curioso y extrañamente sabio niño, el famoso Principito. Este último relata su historia; de cómo abandonó su hogar, el asteroide B-612, y su adorada flor; los planetas que atravesó y sus peculiares habitantes; su llegada a la tierra; su encuentro con su amigo el zorro; y la terrible decepción de darse cuenta que su rosa no era, contrario a lo que él creía, la única de su especie.


Eso, y mucho más, nos relata Antoine de Saint-Exupéry, en su bella obra. Sin embargo, ¿por qué la fijación con que sea exclusiva del público infantil?


A la edad de 15, volví a encontrarme inmersa en el mundo del Principito. ¿Cuál fue la diferencia esta vez? Que ya no me preocupaba tanto el hecho de que una serpiente mordiera al Principito para este poder regresar a su flor o que el asteroide B-612 estuviera tan infestado de baobabs que corriera riesgo de explotar. Lo que me llamaba en este nuevo encuentro era el miedo a convertirme en uno de los muchos aburridos y detestables adultos que el Principito encuentra en su camino. Y es que no quería ser el geógrafo, que decía conocer el mundo sin haber viajado nunca, o el rey "rey de nada", o los odiosos padres que no se interesan genuinamente por las amistades de sus hijos, o peor aún, como el insoportable vanidoso, por no mencionar al hombre de negocios y al borracho. De todos, el que más amable se me hacía era el farolero, pero no por eso su ejemplo dejaba de ser aterrador, una eternidad haciendo lo mismo una y otra vez, como si la vida se nos fuera en piloto automático.


Fue así como, ante la posibilidad de ser algún día uno de esos adultos y fiel al mensaje del libro, me interesé en mi niño interior, en no abandonarlo. Porque, como bien dice el libro "todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan", y me aferro a ello.


Pero nuestra historia de hoy no acaba aquí, y es que todavía me aguardaban muchos encuentros más con esta obra.


El último encuentro, a la edad de 19, me llevó a interiorizar las hermosas enseñanzas que se esconden en cada una de las páginas, en especial aquellas que surgen de la amistad entre el zorro y el Principito. Y es que, si bien el Principito está muy preocupado por su rosa, descubrirá en el zorro un pozo de sabiduría, como que su rosa es especial por el tiempo que pasó con ella. También aprende que las relaciones (sean románticas o de amistad) son lazos que construimos, una dependencia mutua voluntaria, un realidad conjunta que será motivo de alegrías y tristezas en nuestra vida. Pero, a pesar de esos vaivenes, como bien resalta el libro, no podemos perder de vista que la amistad es un verdadero privilegio que si se pudiera comprar en tiendas perdería todo su sentido.


Siendo esto todo por hoy, creo que el Principito es de todos, grandes, medianos y pequeños, y cada vez que lo leas encontrarás algo nuevo y valioso.


Imagen de: https://sienapost.com/22-curiosidades-sobre-el-principito/


#elprincipito


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